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medped
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Re: A UNA RAMERA

el Jue Sep 24, 2009 7:44 pm
Permite que te explique, que no tengo prisa
no importa que tengas algo mejor que hacer
asi nos podemos quedar toda la vida
asi si me dejas no te dejare de querer.

...y al final
te atare con todas mis fuerzas
mis brazos seran cuerdas al bailar este vals...
Enrique Bunbury


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Re: A UNA RAMERA

el Jue Sep 24, 2009 7:47 pm
@dramari escribió:Este es mi poema mexicano favorito:

EN PAZ

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos ni pena inmerecida;

Porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas;
cuando planté rosales coseché siempre rosas.

. . . Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;
mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas,
y en cambio tuve algunas santamente serenas . . .

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. Vida, nada me debes!

¡Vida, estamos en paz

AMADO NERVO

So I do
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Re: A UNA RAMERA

el Jue Sep 24, 2009 7:48 pm
Bodas negras
Carlos Borges

Oye la historia que contóme un día
el viejo enterrador de la comarca:
- Era un amante a quien por suerte impía
su dulce bien le arrebató la Parca.

Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de la hermosa;
la gente murmuraba con misterio:
"es un muerto escapado de la fosa"

En una noche horrenda hizo pedazos
el mármol de la tumba abandonada,
cavó la tierra y se llevó en sus brazos
el rígido esqueleto de su amada.

Y allá, en su triste habitación sombría,
de un cirio fúnebre a la llama incierta
sentó a su lado la osamenta fría,
y celebró sus bodas con la muerta.

La horrible boca la cubrió de besos,
el yerto cráneo coronó de flores,
ató con cintas sus desnudos huesos,
y le contó sonriendo sus amores.

Llevó la novia al tálamo mullido,
se acostó junto a ella enamorado,
y para siempre se quedó dormido
al esqueleto rígido abrazado.


Última edición por Lovecraft el Jue Sep 24, 2009 7:52 pm, editado 1 vez (Razón : Faltaba una pic)
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Re: A UNA RAMERA

el Jue Sep 24, 2009 7:59 pm
REDONDILLAS

Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?

Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
Sor Juana Inés de la Cruz.


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Re: A UNA RAMERA

el Jue Sep 24, 2009 8:03 pm
LAS ABANDONADAS
Cómo, me dan pena las abandonadas,
que amaron creyendo ser también amadas.
Y van por la vida llorando un cariño,
recordando a un hombre y arrastrando un niño.
Como hay quién derribe del árbol la hoja,
y al verla en el suelo, ya no la recoja,
y hay quién a pedradas tire el fruto verde,
y lo eche rodando después que lo muerde.
Las abandonadas son frutas caídas,
del árbol frondoso y alto de la vida,
son más que caídas, fruta derribada,
por un beso artero, como una pedrada.
Por las calles ruedan estas tristes frutas
como maceradas mansanas intutas
y en sus pobres cuerpos antaños surgentes
llevan la indeleble marca de sus dientes.
Tienen dos caminos que escoger
el quicio de una puerta honrada
o el harén del vicio,
y en medio de tanto, de tantos rigores
hay quién al hablarles, se atreva de amores.
Aquellos magnates que ampararlas pueden
más las precipitan para qué más rueden
y hay quién se vuelva su postrer verdugo
queriendo exprimirlas, si aún les queda ugo.
Las abandonadas son como el bagazo,
que alambica el beso y exprime el abrazo,
si aún les queda zumo, lo chupa el dolor,
son tristes bagazos, bagazos de amor.
Cuando las encuentro me llenan de angustia,
sus senos marchitos, y sus caras mustias,
y pienso que llevan en sus arrepentimientos
un niño que es hijo del remordimiento.
El remordimiento lo arrastra algún hombre oculto
que al ver a esos niños de blondos cabellos
yo quisiera amarlos y ser padre de ellos.
Las abandonadas me dan estas penas
porque casi todas son mujeres buenas
son manzanas secas, son frutas caídas,
del árbol frondoso y alto de la vida.
De sus hondas cuitas ni el Señor se apiada,
porque de esas cosas Dios no sabe nada,
y así van las pobres, llorando un cariño,
recordando a un hombre, y arrastrando un niño.

Julio Sexto


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Re: A UNA RAMERA

el Jue Sep 24, 2009 8:12 pm
Me gusta la escena romantica de Laurie y Jo en "Mas cosas de Mujercitas" de Lusa Marie Alcott 1868, es cuando Josephine "Jo" batea a Theodore "Laurie" está largo es casi un capitulo de la novela, ahi ta':

Spoiler:
Oh, Dios mío, ahora si que me va a decir algo... y yo, ¿qué voy a hacer?

La meditación nocturna y las tareas matinales lograron calmar algo sus temores, decidiendo que no tendría la vanidad de creer que le iba a proponer matrimonio cuando le había dado todos los motivos posibles para saber cuál había de ser la respuesta. Así, pues, llegado el momento, salió al encuentro del muchacho, deseando que él no le diese ocasión de lastimar sus sentimientos. Pero en cuanto vio la fornida figura a la distancia no pudo menos que sentir un vivo deseo de volverse y echar a correr.

-¿Dónde está el birimbao, Jo? -le gritó Laurie, en cuanto estuvo a tiro.

-Me lo olvidé -dijo Jo reanimándose, pues aquel saludo no podía llamarse precisamente el de un enamorado.

En estas ocasiones había solido Jo tomarse del brazo con el muchacho, pero hoy no lo hizo, y él no protestó sino que se puso a hablar muy ligero sobre un montón de temas impertinentes, hasta que hubieron vuelto el camino para entrar en el sendero que llevaba a casa pasando por el soto. Ahí aminoró Laurie el paso, perdió de repente su verba de hacía un momento y ocurrieron de cuando en cuando horribles pausas. Para salvar la conversación de aquellos pozos de silencio en que estaba cayendo, Jo dijo precipitadamente:

-Ahora tienes que tomarte unas buenas vacaciones.

-Ésa es mi intención.

Hubo algo en su tono decidido que hizo levantar a Jo la vista rápidamente. Lo encontró mirándola con una expresión que no dejó lugar a dudas de que hubiese llegado el momento temido. Extendiendo la mano, imploró:

-¡No, Teddy, por favor, no! ...

-Sí, sí, tienes que escucharme, Jo. No vale de nada evadirlo, tenemos que ventilar este asunto, y cuanto antes mejor para los dos -respondió el muchacho enrojeciendo de emoción.

-Di lo que quieras entonces y te escucharé -continuó Jo con paciencia desesperada.

Laurie no era más que un joven enamorado, pero lo estaba de veras, y tenía el firme propósito de "ventilar aquello" aunque le fuese mal en la prueba, de modo que se precipitó en aquel tema con la impetuosidad que lo caracterizaba, diciendo con una voz que persistía en quebrarse:

-Te he querido desde que te conozco, Jo; ¡has sido tan buena conmigo! He tratado de demostrártelo y nunca me lo permitiste; pero lo que es ahora, me vas a tener que oír y darme una respuesta, porque no puedo más seguir así.

-Yo quería ahorrarte este momento... Creí que comprenderías... -comenzó Jo, encontrando el trance aún más arduo de lo que lo había imaginado.

-Ya sé... me daba cuenta, pero las chicas son tan raras que uno nunca sabe realmente qué es lo que quieren. ¡Cuántas veces dicen "No", cuando en realidad significan "Sí", y son capaces de sacar a un hombre de quicio únicamente por divertirse -replicó Laurie, atrincherándose detrás de un hecho a todas luces innegable.

-Yo no. Nunca quise que me quisieras de esta manera, y si me marché a Nueva York fue sólo para evitártelo si en mi mano estaba.

-Ya me pareció que era así... Era exactamente "tuyo" ese proceder, pero de nada te valió, porque te quise más que nunca, y si trabajé tanto fue sólo por complacerte. Renuncié al billar y a todo lo que a ti no te gustaba, y te aguardé sin quejarme, porque esperaba que llegases a quererme, aunque sé muy bien que no te merezco -aquí se le quebró la voz sin que pudiese evitarlo, de modo, que se calló la boca y se puso a cortar margaritas del campo mientras se componía la "maldita garganta".

-Eso no, Laurie, no lo digas. ¡Ya lo creo que me mereces! Eres demasiado para mí, y te estoy agradecida por quererme y orgullosa de ti, ¡y te quiero muchísimo! ... No puedo explicarme por qué no me es posible amarte del modo a que tú aspiras. Dios sabe que lo he intentado, pero es inútil, no puedo cambiar mis sentimientos, y sería una mentira que te dijera sí.

-¿De verdad, de verdad, Jo?

Laurie se detuvo y le tomó las dos manos al hacerle aquella pregunta con una mirada que la muchacha no iba a olvidar por mucho tiempo.

-De veras, de veras, querido.

Estaban ahora en el bosquecillo, cerca de la verja, y cuando Jo dijo aquellas palabras como a pesar suyo, Laurie bajó los brazos y se volvió para marcharse.

-¡Oh, Teddy, que pena! No sabes lo desesperada que estoy de darte este disgusto. Créeme que hasta me mataría si eso remediase algo. ¡Por favor, querido, no te pongas así! Yo no puedo evitarlo... Ya sabes que es imposible obligarse a querer a otro -vociferaba Jo llena de compasión, palmeándole el hombro y recordando las veces que él la había consolado a ella.

-A veces se consigue -contestó una voz ahogada.

-No creo que se logre el cariño verdadero en esa forma forzada -fue la respuesta decidida de Jo.

Hubo entonces una larga pausa. Un mirlo cantó alegre en el sauce junto al río y los juncos susurraban al viento. Al rato, sentándose en el escalón de la verja, le dijo muy seria:

-Te quiero decir algo, Laurie.

El muchacho se sobresaltó como si le hubiesen pegado un tiro, levantó la cabeza y gritó feroz:

-No me lo digas, Jo. No me cuentes eso ahora; no podría soportarlo.

-¿Decirte qué? -preguntó ella anonadada ante su violencia.

-Que quieres a ese viejo.

-¿Qué viejo? -demandó Jo, creyendo que Laurie se refería a su abuelo.

-Ese profesor del diablo del que te pasabas la vida escribiendo. Si me dices que lo quieres a él, sé que voy a hacer algo desesperado... -Y tenía todo el aire de cumplir su palabra, cerrando los puños con una chispa de rabia en los ojos.

Jo tuvo ganas de reírse, pero se contuvo y dijo muy acalorada, pues ella también se estaba enojando con todo aquello:

-No jures, Teddy, y no maldigas... El señor Bhaer no es viejo ni malo, sino bueno y amable y el mejor amigo que tengo después de ti. Por favor, querido, no te agarres una rabieta. Quiero ser buena contigo, pero sé que me voy a enojar si insultas a mi profesor. Ni siquiera se me ha ocurrido amarlo a él ni a ningún otro...

-Pero ya verás cómo te pasa eso de aquí a un tiempo, y entonces ¿qué voy a hacer yo?

-También querrás a alguna otra, como chico razonable que eres... Y te olvidarás de todo esto.

-Yo no puedo querer a nadie más. Nunca te olvidaré, Jo, nunca, nunca... -dijo entonces dando una patada en el suelo para dar énfasis a sus palabras apasionadas.

"¿Qué voy a hacer con él?", suspiró Jo, encontrando que las emociones eran más difíciles de manejar que lo que ella esperaba. Luego continuó:

-Todavía no has oído lo que quería decirte. Siéntate y escucha, porque es bien cierto que yo quiero portarme bien contigo y hacerte feliz -dijo entonces.

Viendo un rayo de esperanza en la última frase de Jo, Laurie se echó a los pies de la chica, mirándola con rostro esperanzado. Semejante actitud no era favorable para la conversación serena ni el claro pensamiento; ¿cómo podía decir a su muchacho cosas duras mientras veía esos ojos llenos de amor y ansiedad y en las pestañas aún quedaban rastros de las gotas amargas que le había arrancado la dureza de su corazón? Así es que Jo volvió la cabeza y habló mientras acariciaba el pelo ondeado que él se había dejado crecer por ella.

-Yo estoy de acuerdo con mamá en que tú y yo no cuadramos el uno para el otro, pues nuestros genios vivos y voluntades firmes nos harían probablemente sentir muy desdichados si fuésemos tan necios como para cas... -Jo se detuvo ante esta palabra, pero Laurie la pronunció con expresión embelesada:

-¿Casarnos? ¡Qué va! No podríamos ser desgraciados si tú me quisieras, Jo. Y yo me convertiría en un santo perfecto porque tú haces de mí lo que quieres.

-¡Qué esperanza! Ya lo he probado, y no voy a arriesgar nuestra felicidad con un experimento tan serio como ése. No estamos de acuerdo y nunca lo estaremos, de modo que seamos amigos toda la vida pero no hagamos nada precipitado ni imprudente.

-Ya lo creo que lo haremos si tenemos la oportunidad -farfulló Laurie, con tono de rebeldía.

-Sé razonable, querido, y toma un punto de vista sensato de la cosa -imploró Jo, probando que no sabía nada de asuntos de amor.

-No quiero ser razonable y no voy a tomar lo que tú llamas un "punto de vista sensato", pues a mí nada me resolvería y a ti sólo consigue ponerte más dura. No creo que tengas corazón.

-¡Ojalá fuera así!...

Había un pequeño temblor en la voz de Jo y tomándolo como un buen augurio, Laurie se dio vuelta, utilizando al máximo su poder de persuasión al decirle con el tono más embaucador que pudo y que nunca lo fue tanto como en ese momento:

-¡No nos defraudes, querida! Todo el mundo lo esperaba... Abuelo ha cifrado en este casamiento todas sus esperanzas... Tu familia también... y en cuanto a mí... yo no puedo vivir sin ti. Di que sí y seamos felices.

Hasta varios meses después Jo no comprendió cómo había tenido la fuerza de voluntad para mantener su resolución. Fue muy difícil, pero pudo hacerlo sabiendo que toda demora sería inútil, además de cruel.

-No puedo decirte con verdad que sí, de modo que no lo diré en manera alguna. Más adelante te convencerás de que tengo razón y me lo vas a agradecer -continuó Jo con aire solemne.

-¡Que me cuelguen si hago tal cosa!... -Y Laurie se levantó de un salto, ardiendo de indignación a la sola idea.

-Sí, Laurie, lo harás -insistió Jo-. Ya se te pasará después de un tiempo y vas a encontrar a alguna chica bonita y llena de méritos que te adorará y será digna dueña de tu hermosa casa. Yo no lo sería nunca: no soy linda, ni graciosa, ¡soy un viejo mamarracho!... Te avergonzarías de mí y nos iríamos a pelear siempre. A mí no me iba a gustar nada la sociedad elegante y a ti sí, y tú ibas a detestar que yo escribiese, y yo no me podría pasar sin hacerlo, y seríamos desgraciados, deseando no haber hecho lo que ahora pides con tanto fervor.

-¿Algo más? -preguntó Laurie, encontrando difícil escuchar con paciencia toda aquella predicción nefasta.

-Nada más que una cosa: creo que no me voy a casar nunca. Soy feliz como estoy ahora y amo demasiado mi libertad para apresurarme a renunciar a ella por ningún mortal.

-Yo sé muy bien que no -interrumpió Laurie-. Ahora piensas así, pero día llegará en que querrás a un hombre con toda tu alma, de un modo tremendo, y vivirás por él y morirás por él. Sé que será así porque te conozco y sé de cuánto amor eres capaz... ¡Y yo tendré que contemplar eso!

-Sí, viviré y moriré por él, si alguna vez llega y me hace quererlo a pesar mío, y tú debes arreglártelas lo mejor que puedas -gritó Jo, perdiendo la paciencia con el pobre Teddy-. He hecho todo lo que he podido, pero tú no quieres ser razonable, y es egoísta de tu parte seguir atormentándome por algo que no puedo darte. Siempre te voy a querer mucho, muchísimo, como amigo, pero no me casaré contigo nunca, y cuanto antes te convenzas, mejor será para los dos.

Aquel discursito fue como acercar el fuego a la pólvora. Laurie se dio vuelta de pronto, diciendo en tono desesperado:

-Un día te arrepentirás de esto, Jo.

-¿A dónde te vas? -dijo Jo casi llorando porque le asustó la cara del muchacho.

-¡Al diablo! -fue la consoladora respuesta.

Por un minuto pareció detenerse el corazón de Jo al ver que Laurie se dirigía violento a la costa del río. Pero hace falta mucha locura, angustia o culpa para impulsar a un joven a una muerte violenta, y Laurie no pertenecía a esa clase de seres débiles que se dejan vencer por un solo fracaso. Últimamente salió remando como un loco, marcando mejor tiempo río arriba que el que había logrado en muchas carreras. Jo exhaló un suspiro prolongado y aflojó las manos crispadas.

-Eso le va a hacer bien y volverá a casa en tal estado de ternura y arrepentimiento que no me voy a animar ni a mirarlo. -Y mientras entraba en su casa muy lentamente, sonriendo como si hubiese asesinado a un inocente, añadió:

-Ahora debo ir a preparar al señor Laurence para que sea benévolo y cariñoso con "mi pobrecito muchacho". ¡Ojalá hubiese podido enamorarse de Beth!... Quizá suceda eso con el tiempo, aunque comienzo a creer que me había equivocado respecto de ella, ¡Pensar que pueda haber chicas que gocen con tener enamorados y rechazarlos... ! ¡A mí me parece espantoso!...
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Re: A UNA RAMERA

el Jue Sep 24, 2009 8:16 pm
Ese poema de "Las abandonadas" no le encontraba sentido en mi adolescencia, hasta ahora, puedo decir que tiene razón, pero no más. "Confieso que he vivido" ja ja ja
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Re: A UNA RAMERA

el Jue Sep 24, 2009 8:21 pm
"Redondillas" me encanta, toda una "rebelde" en su época.
La escena de Jo y Laurie es muy buena, pero siempre quizé que ella se quedara con él. ¡ni modo!

Este es un extracto de "El cantar de los cantares" del Rey Salomón.
La Amada:
1:2 ¡Que me bese ardientemente con su boca!
Porque tus amores son más deliciosos que el vino;
1:3 sí, el aroma de tus perfumes es exquisito,
tu nombre es un perfume que se derrama:
por eso las jóvenes se enamoran de ti.
1:4 Llévame contigo: ¡corramos!
El rey me introdujo en sus habitaciones:
¡gocemos y alegrémonos contigo,
celebremos tus amores más que el vino!
¡Cuánta razón tienen para amarte!
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Re: A UNA RAMERA

el Jue Sep 24, 2009 8:23 pm
El Cantar de los Cantares, tiene sus partes XXX eh, pero esta bonito como lo dice
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dramari
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Re: A UNA RAMERA

el Jue Sep 24, 2009 8:25 pm
Claro que sí, y esa es una de las partes más decorosas..
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