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Dra.Koko
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Re: ¡¡ Leyendas Urbanas !! Mujujajaja

el Lun Oct 21, 2013 9:34 am
Grashias... ^_^

Espero más historias...

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Re: ¡¡ Leyendas Urbanas !! Mujujajaja

el Lun Oct 21, 2013 6:34 pm
Buenas noches, aqui les dejo una historia interactiva, antes de leerla pongan de fondo la siguiente canción.
Que la disfruten

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Re: ¡¡ Leyendas Urbanas !! Mujujajaja

el Lun Oct 21, 2013 6:35 pm
DOCE VECES EN EL ESPEJO




Suena de fondo "die young", es el mismo bar donde Javier y Ernesto suelen beber todas las noches. Tras innumerables cervezas ahora les ha dado por el tequila... La canción les hace hablar de "lo jodido que debe ser morir joven".
"Lo jodido que debe ser morir" les hace hablar de muertes jodidas. Al final acaban relatándose el uno al otro muertes absurdas.


Entre tanta muerte absurda y demás payasadas, salen temas diversos, como son supersticiones, rituales satánicos y ese tipo de historias que todos conocemos, que de pequeño tanto nos afectan y con el paso del tiempo parecen perder todo su "encanto". Suena de fondo "bed of roses".
Con ese tema suelen cerrarles el bar, y casi siempre acaban discutiendo con el dueño para tomar otra más, pero esta vez no es así.


Nuestros amigos han hecho un pacto ridículo, de esas cosas que todos conocemos de pequeño, y que tanto nos afectan en su momento, pero que ahora parece una tontería más. Han decidido que al llegar a casa, se pondrán delante del espejo, con una vela encendida y hay que decir doce veces "Verónica". Ernesto le dijo a Javier que si haces eso, verás tu muerte reflejada en el espejo. Javier le dijo a Ernesto que lo que quería ver es a su hermana en pelotas.


Tras decidirse a marchar a casa, ambos amigos, juraron hacer este singular ritual nada más llegar a sus casas. Ernesto hizo hincapié en que no era ninguna broma, y que si el otro no lo hace, el espíritu del otro, aparecería en su casa para acabar con él. Tras estas sabias palabras, Javier tuvo que vomitar. Los últimos 3 tequilas le sobraban en su organismo.


Una vez llegados a su casa, Javier fue al baño. Como de costumbre echó una larga meada, se lavó la boca, la cara, y tras mirar al espejo mucho tiempo, decidió irse a la cama. No estaba en estado de hacer cosas de niños.
Ernesto en cambio, llegó a su casa. Con gesto serio tomó un par de velas que tenía en la habitación. Camino al servicio, donde tenía el espejo más grande de su hogar, se encontró con su madre en el pasillo: "cómo vienes hijo" le dijo esta, a lo que él la respondió con un "mamá, deberías estar dormida".


Así sin más que hablar, llegó, colocó las velas, las encendió... Apoyado en el lavabo y con gesto serio comenzó el ritual: "Verónica, Verónica, Verónica..." así hasta doce veces.


Al poco tiempo la madre de Ernesto, que aún no había conseguido dormir, escuchó unos golpes. Toc, toc, toc, toc... Provenían del dormitorio de su hijo, y allá que fue, con la intención de decirle que parase de una maldita vez.
Al abrir la puerta no encontró nada extraño. Sólo un detalle la hizo pararse. La cama estaba abierta y su hijo no estaba sobre ella. Entonces una gota roja cayó sobre las sábanas blancas. Ernesto estaba clavado en el techo. Pálido como si llevase días muerto. Sin ropa, sin labios, sin nariz, sin ojos.


Al día siguiente muchos estuvieron de luto. La madre de Ernesto tuvo que ser ingresada por un ataque de ansiedad. Javier estaba desencajado, su colega había muerto, y él no sabía por qué. Los datos conseguidos por la policía eran secretos hasta para sus más allegados. Así el pobre Ernesto fue enterrado en una tarde de lluvia.

Javier no sabía qué había pasado, pensó mucho en aquello que quedaron en hacer y si eso pudo ser lo que le matase. 


También pensó mucho en el mal estado psicológico de su ahora añorado amigo. Esa misma noche, cuando se disponía a dormir, sintió unos golpes en la puerta. Echó un vistazo por la mirilla pero no vio nada. Al abrirla algo estaba ante él. "Hola Javier, ¿preparado?" .Era su querido amigo Ernesto... sin ropa, sin labios, sin nariz, sin ojos...

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Re: ¡¡ Leyendas Urbanas !! Mujujajaja

el Lun Oct 21, 2013 8:10 pm
Si e atreves ponte tus adifonos y reproduce la múscia antes de leer la siguiente historia.


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Re: ¡¡ Leyendas Urbanas !! Mujujajaja

el Lun Oct 21, 2013 8:15 pm
LYCOPERDON PERLATUM


Toda leyenda de terror se construye sobre una base racional, un suceso estremecedor para la persona en cuestión, sobre todo cuando es imposible encontrar una explicación. El agente Fuller había visto nacer muchas de estas historias, sabía a ciencia cierta qué cualquier indicio era de importancia para resolver un caso, pero con el tiempo también había aprendido a evitar los simples rumores que tan solo obstaculizaban su trabajo.
 
Para un sheriff de pueblo pocos eran los sucesos que requerían una exhaustiva investigación, la mayoría de ellos trataban sobre hurtos, allanamientos, y algún que otro enfrentamiento. Aquel sosegado ritmo de vida había perdurado durante años, en los que tan solo se dedicó a patrullar las calles y a completar informes de denuncias. Pero una mañana, a las nueve tocadas, una imprevisible y brutal noticia acabó con su rutina diaria.
 
No tardó demasiado en llegar al lugar del incidente. Disponía de un jeep privado, aparcado en el garaje de comisaría, pero poco utilizado, ya que tan solo se montaba en él cuando el destino gozaba de un terreno complicado. A los pocos minutos de trayecto se percató de que su destreza al volante no era la misma en aquel todoterreno. Si bien disponía de un carné para todo tipo de automóvil, cada uno de ellos era diferente al resto y aquel enorme armatoste no tenía nada que ver con su modesto coche patrulla. A pesar de las dificultades logró entrar en el bosque y, en menos de media hora, ya se había reunido con sus compañeros.
 
-Después de tantos años ha vuelto a suceder.- Dijo uno de ellos girándose hacia el agente.- Eran de fuera, vendrían a pasar un fin de semana de relax. Qué irónico ¿verdad?
 
Llevado por la curiosidad se asomó entre el gentío policial, introduciéndose en el círculo de personas que rodeaban el lugar, mientras el detective, con una instantánea en sus manos, se agachaba para tomar unas fotografías. El flash iluminó con un destello los cuerpos sin vida de aquellos jóvenes: Sus ropas estaban ensuciadas por el fango, prácticamente despedazadas y con heridas que asomaban en forma de círculos rojizos en el tejido. A pesar de no disponer de una hora aproximada sobre sus muertes, no les fue difícil deducir que habían permanecido allí toda la noche: Los cadáveres se encontraban repletos de picaduras de mosquito, algunas de ellas tan fastidiosas como la que se había formado en el párpado del chico rubio.


Pero lo más aterrador del asunto no se encontraba en el asalto de los parásitos, ni siquiera en el insecto palo que asomaba de la boca de uno de los muertos. Lo brutal y sobrecogedor de aquel suceso residía en el hecho de que los cuerpos parecían estar desarticulados; todos los huesos se encontraban descoyuntados como el esqueleto de una marioneta.
 
-Trece horas atrás-
 
Había sido un largo viaje, un largo trayecto, de aquellos en que la radio es lo único que mantiene vivo el entretenimiento. Tras muchos kilómetros aparcaron el vehículo a las afueras del pequeño pueblo, uno de esos con el típico cartel situado a un lado de la carretera y que anuncia con letras enormes su nombre. A pesar de carecer de lugares de interés, aquella aldea se caracterizaba por estar envuelta por una cordillera, una serie de montañas que despertaba cierto atractivo en los turistas más aventureros.
 
Melvin, Scott y Carleen habían traído el material necesario para dormir bajo las estrellas; En el bolsillo lateral de la mochila de ella podía apreciarse el bulto que formaba la linterna, destinada exclusivamente para la noche, en la que juntos, investigarían los misterios del bosque. Pero su interés en la acampada no provenía de sí misma, ni siquiera de Scott, su verdadero aliciente era Melvin. Le conocía desde hacía relativamente poco, a través del otro chico que les acompañaba. Scott coincidió con ella en muchas de las clases que se impartían en la Universidad y con el paso del tiempo el roce acabó haciendo el cariño. Cuando los estudios requerían un trabajo en grupo él siempre era su primera opción, por esa misma razón tuvieron que quedar algunos fines de semana y rematar la faena empezada. Melvin era el mejor amigo de Scott, vivía en su mismo barrio y en ocasiones se pasaba a visitarle.


En uno de esos fines de semana Carleen coincidió de nuevo con su visita, pero esta vez se conocieron un poco mejor. A partir de entonces cada vez que Scott nombraba a su amigo Carleen no podía evitar recordar aquel día, un domingo en el que sus miradas se conectaron de un modo distinto, un domingo que de ser posible hubiese repetido. Por esa misma razón decidió unirse a la excursión, con la ilusión de volverle a ver y con la esperanza de algo más.
El ascenso a la montaña no resultó pesado, al fin y al cabo necesitaban estirar las piernas después de pasar todo el día en el coche. De todos modos lo que requirió más tiempo fue buscar el lugar en el que acamparían; muchos de esos lugares eran tan selváticos que resultaba imposible instalar las tiendas y apenas encontraron terreno nivelado. Sin embargo, a pocos kilómetros de la cima, finalmente lo hallaron.


En menos de una hora ya habían instalado las tiendas y en el doble de tiempo anochecería. Antes de que eso sucediera se dispusieron a dar un paseo, inspeccionar los alrededores y planificar que camino seguirían en el juego de noche. Fue en uno de esos caminos donde encontraron aquella rareza de la naturaleza, situada en la base del tronco de un árbol y apoyada en una de sus raíces. El peculiar hongo era de color rojizo, un rojo tan vivo que resaltaba entre la penumbra, tan intenso que era posible vislumbrarlo desde la lejanía. A medida que se acercaban descubrieron que no se trataba de una seta habitual, su morfología era atípica al resto de su especie y el pie que la mantenía unida al suelo era de un negro absoluto. La curiosidad de Carleen se desató con un par de preguntas, del mismo modo que, mientras las formulaba, se agachaba para observar el hallazgo más de cerca. La extraña seta atrajo la atención de todos, en especial de Scott, el cual inmediatamente sacó su videocámara digital para filmarlo. 


A pesar de la emoción el misterio perduró tan solo unos pocos segundos más, hasta que Melvin, con unos conocimientos básicos sobre lo que habían encontrado, decidió responder a sus dudas.
Según sus palabras, aquel hongo era llamado vulgarmente "cuesco de lobo". Se diferenciaba del resto por su sombrero, que es la parte superior, en este caso con forma de pelota de golf. Al parecer, dentro de esa pelota contiene sus esporas, esenciales para su reproducción. Pero lo más curioso del asunto provenía de su mismo nombre; Melvin comentó que esa especie de "setas" cuando alcanzaban la madurez suficiente cualquier presión externa podía provocar la expulsión de las esporas. A partir de ese proceso se hizo una comparación gráfica con las flatulencias de un animal y con el tiempo adquirió tan burlesco apodo.


Después de su aclaración algunas risas surgieron. Sin embargo, Carleen decidió no excederse, simplemente mostró una sonrisa, necesaria para no parecer una insulsa y suficiente para no ofender a Melvin.
-No me estoy inventando nada, si tanta gracia os hace probadlo.


Inmediatamente Scott enfocó a Carleen con su cámara. Ella se negó a tocar "eso" con sus manos desnudas, pero Melvin le facilitó una rama que encontró en el suelo. Cuando todo estuvo preparado acercó el palo al sombrero de la seta, con la punta astillada presionó en el globo, hasta que finalmente... lo reventó. Fue entonces cuando se desató el horror. De su interior salió una ráfaga semejante al vapor, con la misma potencia que una olla a presión, pero de un color amarillento. La inesperada nube de esporas impactó contra el rostro de Carleen, introduciéndose en sus ojos como minúsculos trozos de cristal, extendiéndose a su alrededor y alcanzando al resto de sus compañeros. El escozor que sintió después fue inhumano, casi tan abrasivo como el ácido. Con un salto se incorporó, con sus manos se restregó sus párpados, con la inevitable intención de revertir el daño. Segundos después los abrió de nuevo.


-Dios mío.-Dijo totalmente consternada.-No puedo, no puedo ver nada.


Sucedió de un modo tan repentino que por un instante creyó que había anochecido, que de algún modo la luz del sol se había consumido y que aquella negrura tan absoluta no se debía a su vista. Pero no fue así, por alguna razón sus ojos se habían quedado ciegos y no era capaz de encontrar a sus compañeros.


Extendió sus manos para dar con ellos, gritó sus nombres en un par de ocasiones, pero no obtuvo una respuesta que la satisficiera. Lo volvió a intentar, esta vez con mayor desesperación, alzando su entonación entre toda aquella vegetación.


-¿Qué haces Melvin? ¿Por qué mueves así la boca?-Pudo escuchar a Scott con una pregunta fuera de lugar.


Tan solo oír su voz Carleen insistió de nuevo con su problema y además añadió que necesitaba acudir a un hospital. Sin embargo, Scott no parecía estar atento a sus palabras, seguía obcecado con el extraño comportamiento de Melvin. Aquel desconcierto insufrible perduró unos segundos más hasta que finalmente se descubrió lo que estaba ocurriendo. Al parecer Melvin no podía hablar, sus palabras se trababan en su garganta como si sus cuerdas vocales hubiesen sido seccionadas. A causa de esto Scott no le podía escuchar. Necesitó un poco de paciencia para poder entenderle, al menos hasta que logró leer sus labios.


"Me he quedado mudo. "


No pudo tomarse aquello en serio, comprendió que se trataba de una broma absurda, sin gracia alguna, así que inmediatamente se giró hacia Carleen y le comentó lo muy idiota que en ocasiones era su amigo. Lo delirante de la situación llegó cuando la chica respondió del mismo modo que Melvin, vocalizando con su boca en un absoluto silencio. 


En ese mismo instante Scott observó a su alrededor, inclinó su cabeza hacia un lado y descubrió la verdadera razón. Se tomó unos segundos para asimilarlo, pero necesitó bastante tiempo para aceptarlo
-Dios mío, no sois... no sois vosotros.-Balbuceó.-joder, no lo entiendo, no puedo... no puedo escuchar nada.
El corazón de Carleen dio un salto cuando dijo esas palabras. Pudo oír como las repetía una y otra vez, cada vez con más agonía, estrechando el límite que daba paso al llanto. A causa de la situación apenas podía controlar su pulso, ni siquiera sus piernas se mantenían quietas, en realidad todo su cuerpo temblaba. Necesitaba pensar con rapidez, no ofuscarse, dar con una solución cuanto antes.
Sin perder el tiempo gritó el nombre del chico que le gustaba, estiró los brazos buscándole y Melvin respondió agarrándole de la mano. Él podía escucharla. Una vez a su lado le propuso volver, regresar al pueblo dónde habían aparcado el coche y una vez allí buscar ayuda. A causa de su enmudecimiento Melvin no pudo responderle, sin embargo se las ingenió para hacérselo entender a Scott. 


Carleen se aferró a su cuerpo como si su vida dependiera de ello; podía sentir su respiración, como su corazón palpitaba con velocidad, de algún modo se sentía menos asustada a su lado.


Estuvieron unos minutos en silencio, mientras Melvin intentaba explicarse mediante gestos, pero fracasó. Como último recurso se agachó y se dispuso a escribirlo en el suelo.


-Tenemos... que...volver a... -Dijo Scott leyendo-¡Sí, tenemos que volver al pueblo! ¡Quizás allí sepan lo que nos ocurre, quizás tengan un remedio para esto!


Por un momento Carleen recordó la posibilidad de llamar por móvil, pero desistieron cuando la cobertura resultó ser nula. Con Scott de guía los tres Universitarios regresaron sobre sus propios pasos. No se habían distanciado demasiado de las tiendas así que no les sería complicado encontrar el camino de vuelta.


-Tenemos que darnos prisa, está empezando a oscurecer-Añadió Scott.


Aquella última frase la habría desesperado si se hubiese encontrado en otras condiciones. De pequeña, cuando sus primos la encerraban en el cuarto de baño y ella no alcanzaba al interruptor de la luz siempre acababa llorando. Las cosas no habían cambiado con el tiempo, seguía temiendo a la oscuridad y por eso estaba aterrorizada. Porque en realidad, para Carleen, ya había anochecido.


Lo que podrían haber sido unos cinco minutos de trayecto se convirtió en más de un cuarto de hora, la falta de comunicación entre ellos fue el principal problema. Melvin guiaba a Carleen sosteniéndola con sus brazos, evitando que tropezase, mientras Scott les abría el paso entre la maleza. Ya se encontraban cerca de las tiendas cuando de pronto Scott se detuvo, al instante Melvin también lo hizo y Carleen, algo confusa, preguntó por qué no continuaban avanzando. A causa de la falta de oído Scott no respondió a sus preguntas, tan solo habló cuando creyó necesario hacerlo.


-Dios mío, decidme que lo habéis visto.-Dijo finalmente.


Melvin era consciente de que su amiga no podía ver nada, que él no podía decir palabra y que su compañero se había quedado sordo, así que se limitó a asentir con la cabeza. 


Carleen se inquietó mucho más cuando pudo notar la mano de su estimado temblar; algo escalofriante estaba ocurriendo pero ella era incapaz de verlo.


- ¿Por qué nos hemos parado? ¿Qué habéis visto?


-Carleen, por favor dime que tú también lo ves -Insistió.


-¡Joder Scott, estoy ciega, no puedo ver una mierda! ¡Me estás poniendo nerviosa! ¿¡Qué coño está pasando!?


Melvin se comunicó con su amigo, Carleen supuso que le estaba recordando su problema con la visión.


-Por favor no hables, puede escucharnos.-Susurró.-Hay una mujer... o quizás es un hombre, no sé lo que es, lleva el pelo largo. Ha sacado nuestras mochilas fuera, las está removiendo y parece estar buscando algo.


-¿Un ladrón? ¿Y por qué no le echáis fuera?


-Ahora se ha vuelto a meter dentro de la tienda-Siguió explicando.


-Melvin, escúchame ¿por qué no la ahuyentáis? Pregúntaselo, por favor.


-Lleva algo en las manos, es una... ¡es una hoz! está abriendo las mochilas con eso.


-¿Una hoz?


-Dios mío, Melvin ¿has visto su cara? Es horrible, tiene el rostro deforme.


-Por favor, quiero irme de aquí.-Se acobardó Carleen al imaginarlo.


-Joder, su mandíbula está totalmente desencajada ¿Cómo puede sobrevivir alguien con la cara tan desfigurada?


-Por favor vámonos, tenemos que marcharnos de este maldito sitio.


-Mierda-Dijo de pronto.


-¿¡Qué!? ¿¡Qué pasa!?


Carleen estaba tan angustiada que también había olvidado el estado en el que se encontraban, seguía esperando una respuesta de alguien que ni siquiera había podido escuchar su pregunta. Cuando perdió la paciencia se dispuso a gritarles pero Melvin lo impidió tapándole la boca con la mano. No necesitó palabras para saber lo que estaba ocurriendo, aquel simple gesto lo aclaró todo. Aquella mujer que Scott describía podría haberles divisado en la lejanía, quizás ahora se encontraba mirando hacia allí, vigilándoles con su rostro decrépito, mientras se llevaba el arma a sus manos. Fuese cual fuese la realidad el resultado fue igual de espantoso cuando Scott se giró hacia ellos y gritó:


-¡Viene hacia aquí, viene hacia aquí!


Ya no hubo más tiempo para conjeturas, ni más tiempo de silencio, Melvin la agarró fuertemente de la mano y estirándola del brazo comenzaron a correr. Su adrenalina se disparó al sentir sus pasos acelerarse en la oscuridad, sin posibilidad alguna de prevenir los obstáculos que la podrían hacer tropezar, con la ciega y total confianza depositada en la persona que le gustaba. Pudo sentir el viento golpear su cara, como se filtraba en su cuerpo congelando sus pulmones, como silbaba en sus oídos mientras descendían por la montaña. Las frondosas zarzas arañaron sus delicadas piernas, los árboles más bajos estiraron con sus ramas de su cabello y el persistente barro se encargó del resto.


-¡Melvin!


Sucedió de repente, su pie se introdujo en una zanja en el terreno, con torpeza perdió el equilibrio, soltó la mano de su amigo, y consecuentemente salió despedida hacia el vacío. Su cuerpo rodó pendiente abajo, en su transcurso perdió un zapato y se golpeó la cabeza contra el suelo. A los pocos metros finalmente se detuvo, ya sin fuerzas y con un dolor agudo en su cráneo. Mientras intentaba incorporarse gritó su nombre de nuevo, pero nadie respondió, tan solo el canto de una lechuza lejana podía escucharse en aquel solemne bosque. Con ambas manos se agarró al tronco de un árbol cercano y con un esfuerzo sobrehumano logró ponerse en pie. Abrazada a él finalmente rompió a llorar, necesitó hacerlo para así calmar sus nervios.


- Melvin, no quiero perderte.-Dijo entre lágrimas.-no me dejes, Melvin por favor, te quiero.


Que él la encontrara era la razón por la que no continuaba huyendo, del mismo modo que fue su aliciente para asistir a la acampada. Lamentablemente, y por mucho que preguntara, su estado no le permitía ver quien se estaba acercando, le era imposible adivinar a quien pertenecían aquellos pasos.


***


El agente Fuller se sirvió un café en la máquina que tenían instalada en la oficina, con cuidado vigiló que no rebosase del vaso, mientras con la otra mano, abrió la puerta de su despacho.


Una vez dentro se dirigió hacia la mesa de trabajo y cogió asiento frente a ella. La chica en cuestión fue localizada deambulando por las calles del pueblo aquella misma madrugada. Se encontraba en estado de shock, totalmente desorientada y con un ataque por la hipotermia. Cuando le preguntaron de dónde provenía ella respondió –Del bosque- y añadió que sus amigos aún seguían allí, que estaban en grave peligro. Así fue como hallaron los cadáveres de los dos jóvenes y así fue cómo, después de cincuenta años, habían encontrado una pista para resolver los asesinatos similares que acontecieron en el pasado.


-La encontramos cerca del cuerpo. Te advierto que las imágenes que vas a ver pueden ser muy desagradables.-


Dijo el agente acercándole la videocámara digital de Scott.
-Pero necesitamos que hagas un esfuerzo.


Carleen la cogió con sus temblorosas manos, desplegó la pantalla LCD y con temor presionó el botón "Play". El video inició su reproducción. Mientras lo veía su expresión pasó del miedo al desconcierto, hasta que su rostro se desencajó totalmente.


-Dios mío.-Balbuceó.


En la pantalla pudo ver desde una perspectiva distinta como aquella nube de esporas golpeaba su cara, dejándola ciega y asustada. Pero en la desquiciante grabación también descubrió que sus amigos asumían un papel muy distinto al que ella recordaba: ambos se hacían señas mientras fingían estar en problemas.


-Ellos sabían lo que te iba a suceder.-Añadió Fuller.-


Sabían que esas setas provocan una ceguera temporal y te habían llevado expresamente para gastarte un broma pesada.


Carleen no pudo soportar ni un segundo más la crudeza de aquellas imágenes. Su corazón dio un salto cuando descubrió que Scott falseaba con su sordera, sus ojos se humedecieron cuando permitieron que callera por el precipicio y sus lágrimas se manifestaron cuando pudo ver a Melvin, riéndose cruelmente, mientras ella lloraba y gritaba "Te quiero". No necesitó acabar la cinta para deducir que todo había sido una gran mentira.


-¿Has visto algo extraño en la grabación? ¿Tienes idea de donde pudieron ir después de que regresaras hacia el pueblo? Antes de que todo esto sucediera ¿recueras haber visto algo sospechoso? Por favor, contéstame a esta última pregunta y ya habremos terminado.


Pero Carleen volvió a responder con un frustrante y rotundo -No-.



El agente Fuller se dejó caer en el respaldo del asiento, dio un sorbo a la taza de café y desvió su mirada hacia la ventana. A través del cristal divisó las montañas y se estremeció. De algún modo supo que aquellos bosques guardaban la respuesta, ocultaban con sus ramas el secreto, del mismo modo que una leyenda no desea ser descubierta para así alimentarse del misterio.

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Re: ¡¡ Leyendas Urbanas !! Mujujajaja

el Lun Oct 21, 2013 9:27 pm
Buenas historias, la 12 me dejó con algo de duda... pero eso de la música de fondo, es genial, punto por eso...

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Re: ¡¡ Leyendas Urbanas !! Mujujajaja

el Mar Oct 22, 2013 9:50 pm
DESDE LA MIRILLA




02.30 a.m. Moisés deambulaba nervioso por su apartamento, sin saber en realidad qué era lo que quería hacer. Seguramente porque cualquier cosa que hiciera, sería la repetición de lo que ya había hecho durante las siete madrugadas anteriores. La sensación de déjá-vu era constante. Encendió el enésimo cigarrillo...


En realidad echaba mano del paquete de tabaco cada diez minutos. Teniendo en cuenta que ésta era la quinta noche que no dormía nada, un cigarrillo más o menos le traía sin cuidado.
Cinco noches de insomnio, ocho mil idas y venidas al portátil, ochenta mil aburridos programas de televisión. Volvió a releer sus libros favoritos, hizo abdominales, salió alguna noche a correr por el parque, e incluso se había masturb__ sin ninguna apetencia. Todo en un intento vano y desesperado, dirigido únicamente a caer en los brazos de Morfeo, utilizando, para ello, el método que fuera necesario. Después de tomarse no sé cuántos somníferos sin éxito, sin ningún tipo de sensación soporífera, que le obligara a cerrar los ojos ni durante diez miserables minutos seguidos, aún le quedaba el consuelo de que, al menos, el Orfidal, conseguía el efecto de mantenerle medianamente tranquilo, alejando la desagradable sensación en el pecho de presión y de ahogo, que le producía la ansiedad, por la desesperación que le generaba el llevar tanto tiempo sin poder dormir. Sin duda es una experiencia, que no hay ser humano que la pueda soportar durante muchas noches seguidas sin volverse loco. Y él estaba a punto.


Sus pensamientos rondaban tan dispersos y acelerados por su cerebro, que apenas podía concentrarse en ninguno de ellos ni un solo segundo. Sólo deseaba que llegase la mañana siguiente para acudir a la cita de las doce y diez que tenía programada en la Unidad del Sueño del Hospital de Especialidades de la ciudad. A las once vendría a buscarle Noelia, su novia desde hacía tres años. La pobre estaba más preocupada que él, le había propuesto quedarse esa noche en el apartamento, y hacerle compañía si no conseguía conciliar el sueño, pero Moisés pensó, que con uno que no durmiera, ya era suficiente.


Encendió otro cigarro y se sentó en el sillón individual de cuero marrón, situado frente al televisor encendido. Cambió los canales con cierto automatismo, miraba la pantalla pero no veía lo que en ella se estaba emitiendo. Dejó un programa al azar, donde varias personas jugaban una partida de Póquer, aunque si también al azar, en ese canal estuvieran emitiendo un mensaje político de algún líder chino, le hubiera dado exáctamente la misma importancia, ninguna. Estiró las piernas sobre la mesa baja situada entre él y la televisión, apuró ansioso lo que quedaba por consumir del cigarrillo y lo apagó en el cenicero que reposaba en una mesita redonda de madera, tallada con adornos arabescos, situada a su izquierda, en la que había dejado también el móvil, junto con las llaves y la cartera. Reclinó la cabeza hasta apoyarla en el respaldo del sillón, inspiró profundamente y soltó despacio el aire acumulado en sus pulmones para relajarse, buscó la imagen de Noelia en su aturullado cerebro, intentando visualizar escenas agradables y así dejar que pasaran las horas, para ganarle terreno a la noche.


Escuchó ruidos fuera del apartamento, en el pasillo, cerca de su puerta, el sonido era muy parecido al que producen los tacones de unos zapatos de mujer, pero con un matiz algo más agudo..., como el "clack" seco, que produce la mitad de una castañuela, al chocar contra la otra mitad. Miró la hora en el teléfono móvil, las 03.15. Apagó el televisor, se levantó curioso y caminó hacia la puerta intentando no hacer ruido. Acercó el ojo a la mirilla con cierto sentimiento de culpabilidad por andar metiéndose en asuntos ajenos, pero..., ¡tenía tanta noche por delante...!


La luz del pasillo estaba encendida. El extraño sonido se iba acercando desde el lado izquierdo, desde la escalera. Por su cadencia parecían pasos. Justo delante de su puerta vio pararse a un hombre con una melena larga, hasta rebasar el principio de su espalda, ondulada, de un color castaño rojizo con mechones ocre, que le nacía desde la parte más alta de la frente. El perfil derecho del rostro que la posición de esa persona ofrecía a Moisés, dejaba apreciar una ceja cobriza poblada y larga, la nariz aguileña y huesuda, y unos maxilares muy marcados adornados por una patilla fina que descendía hasta juntarse con una perilla larga y de las mismas tonalidades que su cabello.


Desde la mirilla, la retina de su ojo descendió para seguir escaneando al inesperado visitante, con la excitación de un voyeur..., con la seguridad que le daba el observar a alguien, que no sabe que está siendo observado.
El tipo llevaba una especie de capa negra. Moisés la recorrió a lo largo hasta llegar al final de la prenda, que acababa a la altura de sus tobillos...., parpadeó..., volvió a parpadear... Sintió un temblor en el ojo, un tíc que mandó una especie de corriente al cerebro, provocando que un escalofrío le recorriera el espinazo. ¡Pezuñas!...Ese tío no llevaba zapatos..., ni siquiera iba descalzo, lo que Moisés vio eran... ¡pezuñas... pezuñas de cabra! En ese instante el rostro del hombre comenzó a girarse hacia él, como si supiera que le estaban observando desde detrás de la mirilla. Moisés dejó inmediatamente de mirar, y se echó hacia atrás colocándose las manos sobre la cara, incrédulo.


-¡Esto no puede ser..!- Masculló. Se le escapó una risa nerviosa y continuó hablándose a sí mismo entre susurros. -¡Demasiadas pastillas..., la falta de sueño..! ¡Dios..., creo que acabo de alucinar joder..! ¡Si... eso ha sido..., ha debido ser sólo eso...! ¡Una...jodida...alucinación!- Pauso las palabras, intentando convencerse de que todo era producto de su imaginación.


¡Clack! ¡clac! ¡clack...! El vello de la nuca de Moisés se erizó al volver a escuchar ese maldito sonido. Sus ojos se abrieron asustados, sin apartar la mirada de esa pequeña ventana en su puerta, con vistas al terror. Atemorizado, se acercó de nuevo hacia la entrada, despacio..., muy despacio. Colocó lentamente su ojo en la mirilla.... Un ojo ámbar amenazante, esperaba justo al otro lado, observando.


Moisés retrocedió con el corazón desbocado, se lanzó al interruptor situado junto a la puerta y apagó la luz del salón, quedando todo sumido en una oscura penumbra. Corrió aterrado en busca del móvil, tropezó con la mesa baja y su cabeza golpeó contra el duro brazo metálico del sillón de cuero negro


Quedó unos segundos conmocionado, con medio cuerpo en el suelo y una pierna encima de la mesa baja. Le dolía la ceja izquierda donde había recibido el golpe, se tocó despacio para comprobar los daños. En la penumbra notó, cómo un fino y caliente hilo de sangre resbalaba por su mejilla. Levantó una mano temblorosa para palpar por encima de la mesita redonda de madera buscando el móvil, lo encontró y abrió la tapa. La luz del teléfono iluminó su rostro, sudoroso, desdibujado, pálido, con un rastro rojo emanando de la ceja herida.
¡A quién llamar! ¿A la policía?- Pensó -¿Y qué les diría? ¿Que había visto por la mirilla de su apartamento a un hombre con patas de cabra, corriendo por los pasillo de su edificio? ¿Que tenía una actitud amenazante? ¿Que por favor vinieran rápido, que estaba acojonado? Si no le colgaban el teléfono en el acto, quizás podría conseguir que le enviaran una ambulancia con dos tipos fornidos vestidos de blanco, llevándole una camisa de fuerza como regalo. Y llamar a Noelia a estas horas, aparte de que se asustaría, tener que contarle una historia como ésta, seguramente la llevaría a pensar que el insomnio le había vuelto loco. Optó por permanecer en silencio y sin moverse. 


Durante veinte minutos, veinte minutos eternos, esperó, sin volver a escuchar el escalofriante "clack" de las pezuñas del hombre, o lo que coño fuera aquello, que recorría el pasillo.
Se levantó del suelo, dolorido, guardó el móvil en el bolsillo del pantalón corto que llevaba puesto cuando estaba en casa y cogió las llaves del apartamento de la mesita redonda de adornos arabescos, se acercó a oscuras de nuevo hacia la mirilla con la esperanza de que, si aquello era real, el tipo se hubiese largado al infierno, de donde no debería haber salido nunca. Su ojo se pegó de nuevo al pequeño cristal. La luz del pasillo estaba apagada, no se habían vuelto a escuchar las pisadas desde su incidente con la mesa. Observó durante unos minutos más para asegurarse. Nada. Abrió la puerta lentamente, el corazón le comenzó a palpitar con rapidez, asomó la cabeza y miró hacia la izquierda, hasta donde empezaba la escalera, la tenue luz de las farolas de la calle, que entraba por la ventana situada a la derecha del pasillo, le permitió comprobar que no había nadie. A cada lado del corredor había tres puertas, la suya era la del centro de la parte derecha, según se viene de la escalera. Observó que la puerta de su vecina Yurena, una chica jóven, estaba entreabierta, lo suficiente como para poder apreciar una luz encendida en ei interior, procedente del salón. Su apartamento era el más próximo a la ventana por donde entraba la claridad de la calle, al final del pasillo, una puertas más a la derecha que el de Moisés, pero en el lado de enfrente.


Dejó su puerta a medio cerrar, por si tenía que volver corriendo. Caminó medio agazapado, hacia la puerta entreabierta de Yurena, con el ritmo cardíaco percutiendo aceleradamente en sus oídos, mirando de reojo hacia la escalera oscura y con mucha inquietud, por lo que pudiera haberle ocurrido a su joven vecina.
Abrió poco a poco, miró en el interior, no captó ningún movimiento, dejó la puerta como la había encontrado, sin cerrar del todo. Percibió una mezcla de olores que no pertenecían al ambiente de un domicilio normal. Logró identificar uno de ellos gracias a las visitas que hacía de niño a la granja de su abuelo paterno, sin duda en el aire de ese apartamento flotaba un fuerte hedor a animal, concretamente, a cabra. Había otro aroma, éste lo tenía más reciente en su memoria olfativa, lo acababa de oler en su apartamento hacía unos minutos, es más, aún lo seguía oliendo, había quedado impregnado como un perfume en su mejilla y provenía de la herida abierta de la ceja, se trataba, sin ninguna duda, del aroma metálico de la sangre.


Avanzó hasta el salón, su mirada se paseó despacio por la estancia, había una mesa baja de cristal, detrás, un sillón de piel de dos plazas color marfil y a cada lado de éste, un sillón individual de las mismas características. Observó que encima de la mesa había un tablero de ouija. Recordó que cuando bajó al portal a despedir a Noelia la tarde anterior, llegó Yurena con tres personas más, se saludaron, y su vecina les propuso tomar algo en su apartamento. Noelia se excusó, pues tenía que cenar con sus padres, y él aseguró que no se encontraba en las mejores condiciones, ni físicas, ni psíquicas, ni anímicas, a causa del maldito insomnio -¡Si os animáis, después de cenar nos haremos una ouija!- Les comentó Yurena.


El estado mental de Moisés, en el momento de la conversación, semejante a tres resacas juntas, sólo le permitía recordar vagamente algunos pequeños detalles. Recordó que Noelia les dijo que a ella le daba mucho miedo todo lo que tuviera que ver con los espíritus. Ahora, en el salón del apartamento de Yurena, al mirar el tablero del siniestro juego, sintió escalofríos.


-¡Yurena!- Gritó en voz baja. -¡Yurena!..., ¿hay alguien...?- Se dirigió a través de un pequeño pasillo, hacia la habitación de la chica. La luz estaba apagada. Palpó la pared por dentro y encontró el interruptor, lo accionó y la estancia quedó iluminada. El rostro de Moisés se descompuso, sus pupilas se dilataron, sintió angustia, notó arcadas, se tapó con una mano la boca y con la otra se sujetó el vientre, dió media vuelta, inclinó el cuerpo y vomitó... Vomitó parte del horror que esas dilatadas pupilas acababan de transmitir a su estómago, el horror restante, iba empapando rápidamente su cerebro para seguir atormentándole. El cuerpo de Yurena yacía boca arriba en su cama, atada de pies y manos formando una equis. Sólo llevaba puesto el sujetador. La desnudez de sus partes íntimas, dejaba ver claros signos de una brutal violacion. Las sábanas guardaban el calor y el rojo de la sangre que ella había perdido, y las paredes se veían salpicadas por las pinceladas púrpuras e incoherentes, de un pintor con rasgos paranoicos. 


Tenía la garganta seccionada, y en el vientre, aparecía tatuada a cuchillo, una estrella de cinco puntas invertida. Era claramente una invocación..., una puerta abierta al "Maligno".
Las piernas de Moisés perdieron fuerza y cayó con las rodillas y las manos sobre el suelo, mientras tosía con fuerza, para limpiar su laringe y poder coger aire -¡¡Dios...Dios Santo..!!- Acertó a balbucear. Se limpió la boca con el dorso de la mano. 


No se atrevió a volver a mirar la espeluznante escena. Desde el suelo alzó la vista hacia la ouija. A su mente vino parte del final del encuentro con Yurena y sus amigos en la calle. -¡Tened cuidado con estas cosas, las carga el diablo!- Les dijo en broma Moisés. -Sólo haremos preguntas tontas...- Informó divertida Yurena. -¿Cuándo encontraré al hombre rico y guapo de mi vida?- ¡O que nos ponga en contacto con el espíritu de John Lennon!- Añadió un compañero. -¡La podemos preguntar por la existencia o no de Dios!- Comentó otro. -¡O... si existe el Diablo!- Soltó de repente Yurena con un tono profundo, místico y frunciendo el ceño. Recordó que todos se rieron. -¡Estáis locos!- Acabó diciendo Noelia con tono divertido. Después, los cuatro jóvenes entraron al portal, mientras sus voces y risas se perdían poco a poco, conforme se alejaban de Noelia y Moisés, por los pasillos del edificio.
-¡O si existe el Diablo!- La frase se repetía como un eco en la cabeza de Moisés. Tuvo un presentimiento sobrecogedor. La adrenalina le permitió recabar fuerzas para levantarse y acercarse a la mesa de cristal. Como se temía, el marcador de la ouija, en su último movimiento, había quedado parado en la casilla del tablero con el signo positivo. Si en realidad, hicieron la pregunta, la respuesta estaba clara. ¿Existe el diablo..? La ouija contestó... ¡Sí!


-¡Fuera Satán en persona, o fuera un embajador del mismísimo infierno, el ser que había cometido semejante atrocidad, definitivamente... no era de este mundo!- Pensó Moisés. Sacó el móvil del bolsillo para llamar a la policía, ahora los motivos si estaban justificados, denunciaría un brutal asesinato, y los demás detalles quedarían para él.


¡Clack...clack...clack...clack..! De nuevo el sonido de los escalofriantes pasos. Los orificios nasales de Moisés se dilataron en el acto, dejó de respirar para dejar que trabajara únicamente el sentido del oído. ¡Clack...clack...clack...clack..! El claqueteo de las pezuñas sonaba lejano, pero su cadencia iba progresivamente en aumento, esa bestia estaba subiendo las escaleras...y lo hacía deprisa. -¡¡Hijo de puta...!!- Gritó con impotencia apretando fuertemente los puños- El angustioso sonido de las pisadas se amplificó dentro de su cabeza mezclándose con los latidos acelerados de su corazón, un bombeo de sangre excesivo y molesto en las sienes y el creciente terror ante lo que le esperaba si no pensaba con rapidez. Y pensó que lo mejor sería llegar hasta su apartamento, donde se sentiría más seguro, y una vez allí hacer una llamada de auxilio a la policía.


Corrió hacia la puerta..., las pisadas cada vez se oían mas cercanas... Tenía que darle tiempo a alcanzar la puerta de su apartamento, antes de que esa criatura terminara de subir las escaleras y llegara al pasillo. ¡Clack...clack...clack....Los pasos cesaron. Moisés avanzaba cegado por el miedo, llegó a la puerta entreabierta del apartamento de Yurena, la abrió para salir y.... se paró en seco. La bestia se encontraba parada justo delante de él, apenas les separaban un metro y medio de distancia. Cuatro segundos..., cuatro eternos segundos manteniéndose la mirada. Cuatro segundos durante los cuales Moisés, con la cara petrificada, la boca abierta y los ojos vidriosos, pudo sentir la salvaje y amenazante mirada de esos penetrantes ojos de color ámbar sobre él, a la que acompañaba con una sonrisa abierta que dejaba ver sus dientes descolocados y amarillentos. Tenía el ceño fruncido, y las cejas se juntaban en forma de uve encima de la huesuda nariz. Dispuesto a atacar... Cuatro segundos en los que Moisés observó, que debajo de la capa abierta, llevaba el torso desnudo, poblado de vello marrón y canas beig. No tenía ombligo, la criatura que tenía delante no había nacido de ninguna mujer terrenal. A partir de la cintura hacia abajo, le nacía pelo animal también marrón, que abrigaba sus patas musculosas de cabrito, pero no llegaba a cubrir el gran falo desnudo, que aparecía protegido por una piel negra y curtida. Con la mano derecha, dotada de unos dedos fuertes, de los cuales nacían asquerosas uñas, negras, pétreas y largas, apretaba firmemente el mango de un inmenso cuchillo, cuya punta amenazante, le señalaba directamente a él.


Cuatro segundos tardó Moisés en cerrar de un portazo. Corrió sollozando y en estado de shock hasta el baño, cerró la puerta con el pestillo y colocó una silla detrás haciendo tope con el pomo. Se sentó en el escusado y abrió la tapa del móvil. Fuera se oía cómo esa bestia pateaba la puerta sin cesar, con la fuerza de un caballo. Intentó que sus dedos nerviosos se pusieran de acuerdo con el cerebro para dar con las teclas correctas del número de teléfono de la policía. Esperó impaciente durante tres tonos, sonó como que alguien descolgaba al otro lado. -¿Hola....hola...? ¿Me oye...?- Nadie respondía. -¡Por favor...es una emergencia!.. ¡¡Dios!!...¿alguien me escucha?-... -"¿Ya lo sabéis Moisés...?"- Preguntó una voz que parecía venir de los infiernos. -"¿Os habeis dado cuenta ya de la verdad? ¡Nadie se puede reir de Satán sin pagar un peaje...! ¡Porque... el... Demonio... existe!" Se escuchó una risa espeluznante, como un graznido continuado. "¡Vas a tener una noche divertida..., además..., te acompañará la simpática Yurena...Diviértete..!"


Moisés arrojó el móvil al suelo y lo pisoteó rabioso y desesperado. Los golpes pateando en la puerta no cesaban, cada vez más fuertes, rompiendo poco a poco la madera. ¡Moisés... Moisés¡- Escuchó gritar a la la criatura. Acurrucado en un rincón, llorando, cerró los ojos con fuerza, se tapó los oídos con las manos y su cuerpo comenzó un movimiento de vaivén de adelante hacia atrás, con la razón perdida, abandonado a su suerte, sin fuerzas. A partir de aquí, todo lo que escuchaba, era como una especie de eco lejano. Los golpes, el crujido de la puerta al romperse, los gritos pronunciando su nombre..., todo quedó envuelto en una amalgama de sonidos, que parecían llegar desde otra dimensión, Notó que le agarraban por los brazos, ya ni siquiera le importaba morir, sólo quería acabar con ese sufrimiento. 


¡Moisés....Moisés!



Abrió lentamente los ojos. La luz del día iluminaba la estancia, la televisión estaba encendida y él, se encontraba sentado en su sillón de cuero negro, con las piernas estiradas sobre la mesa baja. Noelia, arrodillada a su lado, le zarandeaba sujetándole por los brazos. -¡Moisés...Moisés... cariño¡ ¿Te encuentras bien..?- Él la miraba a los ojos, ausente, sin articular palabra, no acertaba a discernir si lo real era lo que acababa de vivir o era lo que estaba viviendo en ese momento. -¡Llevo más de cinco minutos llamando a la puerta como loca de todas las maneras posibles, utilizando el timbre, con los nudillos, a puñetazos! ¡Hasta que he recordado que Yurena tenía una copia de la llave de tu apartamento!- Noelia se volvió hacia ella, situada justo a su espalda, la joven le saludó con una sonrisa, pero con gesto preocupado. ¡Gracias a ella he podido entrar. Al ver que no abrías me he preocupado por si te había pasado algo!- Moisés casi no la oía, sólo la miraba. Lo único que sabía era que mirarla a los ojos le producía una maravillosa sensación de sosiego interior, un placentero estado de relax, como si se hubiera tomado alguna droga y ésta comenzara a producir sus efectos en ese momento. Sus comisuras comenzaron a temblar visiblemente y los ojos fijos en los de Noelia se humedecieron. Ella le acarició la mejilla justo un segundo antes de que una lágrima brotase del ojo de Moisés y mojara su mano. Le abrazó con un cariño casi maternal. -Pero.. ¿qué te pasa mi amor?-Le preguntó. Se volvieron a mirar. Moisés sintió unas irrefrenables ganas de reírse a carcajadas. -¿Qué hora es?- Quiso saber. -¡Las once y diez! ¡Vamos a llegar tarde!- Noelia le colocó el cabello. Él, sonriendo a su chica comentó:


¡Creo... que he dormido..!

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Re: ¡¡ Leyendas Urbanas !! Mujujajaja

el Mar Oct 22, 2013 10:28 pm
Nu mms.... pale pale pale pale  no me vuelvo a desvelar... no vaya siendo que el insomnio me haga soñar con patas de cabra...

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Re: ¡¡ Leyendas Urbanas !! Mujujajaja

el Miér Oct 23, 2013 8:31 pm
Algo para festejar este día con esta historia de terror



LA COLA DEL DIABLO



EN EL HOSPITAL las horas se sucedían muy lentamente, sobre todo en el turno de noche, y las enfermeras tenían la costumbre de contarse historias entre ellas, de todo tipo: divertidas, dramáticas, de terror y de amor. Pero eran las historias de terror las que preferían las novatas. Una vez, una de las enfermeras más viejas, Mercedes, durante una noche contó lo siguiente: 

“Hace mucho tiempo, en la década de los setenta, tuvimos como paciente a un anciano de unos ochenta años, el señor Moore, que llegó al hospital con un cuadro agudo de peritonitis. Lo operaron de urgencia y en esa misma operación descubrieron que sus tripas estaban carcomidas por el cáncer. Los doctores cerraron la herida y luego lo pusieron en la sala del pabellón tres, donde generalmente van a parar los pacientes que ya no tienen más remedio.

Nadie quería atender al señor Moore. Las drogas y el dolor lo habían vuelto loco. Era muy agresivo y mordió en varias ocasiones a las enfermeras más distraídas. Lo ataron a la cama, pero aún así trataba de mordernos si nos acercábamos demasiado. Sus dientes castañeaban en el aire y aún recuerdo ese ruido escalofriante que hacían al chocar entre sí: “tic tic tic tic”. 

Una noche, escuché el timbre de uno de los pacientes y al ver el tablero me di cuenta que se trataba de la habitación de Moore. Como yo era la más nueva generalmente me mandaban a mí, por lo que no tuve más remedio que ir a ver qué pasaba. Pero cuando llegué a la habitación me encontré con una sorpresa. La cama de Moore estaba vacía, y había sangre en el centro de las sábanas. Mucha sangre. El paciente que compartía la habitación con él era quien había apretado el timbre, para alertarnos. Salí de la habitación para buscarlo, y de repente me sentí embargada por un terror inexplicable, que me sacudió de pies a cabeza. Ustedes saben que el pabellón tres es un lugar de por sí tétrico, la gente muere ahí todos los días, se escuchan lamentos, llantos, gemidos. Los pasillos siempre están mal iluminados y huele muy mal, aunque una termina por acostumbrarse. Miré hacia abajo y vi que un rastro de sangre se dirigía hacia los ascensores. 

Seguí el rastro con la mirada y al llegar al extremo del pasillo, donde hay una curva, vi que algo se arrastraba sobre el suelo. Parecía una serpiente, al principio pensé que era una serpiente, pero luego, con horror, me di cuenta que se trataban de las tripas del señor Moore. 

Se le había abierto la herida y arrastraba las tripas como una horrible cola de unos diez metros de longitud. Se tambaleaba en dirección a la puerta abierta del ascensor, con aquella asquerosidad siguiéndolo. Corrí hacia él y resbalé en la sangre del piso. Y creo que fue una suerte, porque cuando el señor Moore se metió al ascensor se dio vuelta y me sonrió. Fue la sonrisa más maligna y demencial que vi en mi vida. Sus ojos estaban negros por el dolor o la locura. Apretó el botón de la planta baja, y las puertas del ascensor se cerraron. Y gran parte de sus tripas había quedado afuera. 

No necesito decirles lo que ocurrió cuando el ascensor bajó, tampoco quiero hacerlo, porque fue repugnante y estremecedor. Incluso los médicos más experimentados vomitaban al ver el interior del ascensor. Pero el horror no terminó allí. Al cabo de una semana de haber muerto el señor Moore, una enfermera dijo haber visto a un anciano caminando por el pasillo del pabellón tres, con las tripas siguiéndolo como un rabo. La enfermera renunció algunos días después, y el mito del fantasma del señor Moore quedó, aunque nadie volvió a verlo”. 

Apenas la enfermera Mercedes terminó de contar esto, una de las novatas señaló con cara de espanto hacia el pasillo. Allí, a través de la puerta entreabierta, podía verse un intestino largo y ensangrentado, que con lentitud de gusano se arrastraba sobre el suelo en dirección a los ascensores.

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Re: ¡¡ Leyendas Urbanas !! Mujujajaja

el Jue Oct 24, 2013 9:27 pm
esta historia es de una amiga espero les guste

La risa


Me divorcie de mi esposo porque el tenia otra familia, mi hijo estaba consciente de esto y constantemente me motivaba para que saliera a divertirme y tal vez conocer a alguien, pero sinceramente, aunque él era ya todo un adolescente, yo seguía viéndolo como un bebé y me daba miedo dejarlo solo.

Un día simplemente accedí, el se veía muy contento, hasta me esperó despierto en el sillón de la sala, para preguntarme sobre mi noche. Fue sensacional, y lo hice por seis noches seguidas, hasta que empecé a notar sus ojeras, pues cada noche me esperaba en el sillón. A veces lo encontraba dormido sobre mi cama en pleno día.

Preferí pasar tiempo con él, preparamos botanas y vimos algunas películas, pero, cada vez que yo mencionaba que era la hora de dormir, él parecía tomar más energías y nos extendimos hasta la madrugada. Amanecimos dormidos en la sala. El siguiente día me di cuenta que la puerta de su habitación estaba cerrada, y que no entraba ahí para nada, tratando de comprobar que no era mi imaginación, le pedí que entrara, no quiso hacerlo, pero tampoco dejó que yo lo hiciera. Me contó una historia poco creíble que quise terminar cuando antes y entré en la habitación.

Había un olor algo extraño, entre suciedad y humedad, se sentía frio y aunque el piso era completamente sólido, crujía a cada paso que dábamos. Una risa como de niño, se escuchaba bajo la cama, después en el armario, parecía que nos rodeaba y le causaba gracia, pero ninguno de los dos podía ver nada. Se me enchinó la piel. La cara de mi hijo estaba pálida, y muy seriamente me dijo: -si quieres verlo…tienes que recostarte en la cama-. Movida por la curiosidad más que el miedo, me tiré en la cama, viendo fijamente hacia donde mi hijo me había indicado… no pasaron más de cinco segundos, cuando se escucharon unos arrastrados pasos, y una pequeña mano se posó a los pies de la cama. Jalaba las sabanas lentamente, pero me hice la fuerte por mi hijo y contuve las ganas de gritar. Tras aquella manita vino otra, parecían pertenecer a un niño por el tamaño y forma, pero eran demasiado regordetas y fuertes, además el color era algo extraño, pálido y opaco…mientras pensaba en lo que estaba viendo, un bulto empezó a levantarse entre aquel par de manitas, lentamente, pero a mí me pareció como si hubiera saltado de repente, aquella siniestra cara, esa sonrisa macabra, ya no pude contener los gritos…

Mi hijo decía que era un monito… pero era el ser más horrible que haya visto en mi vida, la cara cubierta de arrugas, sus ojos rojos, el cabello enmarañado, y todas las intenciones de hacer daño que se reflejaban en su rostro… él reía y reía, y en cada una de sus risas mis gritos salían sin control, parecía gustarle mi temor, entonces, subió a la cama para hacerme gritar mas, tocó mis piernas con sus heladas y callosas manos, yo no me podía mover, el miedo me había paralizado, su ropa cubierta de sangre me hizo temer aun mas, estaba punto de desfallecer, cuando mi hijo lo molió a golpes con bate de béisbol, pero aquella cosa no se quejaba, al contrario, en actitud retadora mostraba sus pequeños dientes, pero más filosos que navajas, porque de una sola mordida, arranco una astilla grande del bate que sostenía mi hijo, algo balbuceaba pero no logramos entenderle… cuando al fin pude reaccionar me uní a mi hijo para golpear a la criatura extraña, pero esta no paraba de reír, en un rápido movimiento se fue a esconder debajo de la cama… lo buscamos por cada rincón, pero no pudimos encontrarlo…

Sus risas se escuchaban como un ambiente de fondo por toda la casa, Ese sonido nos estaba llevando a la locura, los días había trascurrido y se escuchaba en a cualquier hora en cualquier lugar de la casa. No podíamos dormir, esperábamos que en cualquier momento saltara sobre nosotros, así que mejor nos fuimos a un hotel, pero he de confesar, que aun ahí no pude pegar los ojos, tenía su risa grabada en mi mente, donde se repetía sin cesar y apenas me iba quedando dormida, imaginaba su rostro frente al mío y me llenaba de terror, sobre todo, porque ni siquiera tenía idea de lo que había sido.

En tres días juntamos el valor suficiente para volver y descubrir lo que había sido aquello, pero para nuestra desgracia, una noticia en la televisión, cambió nuestras vidas de repente… ahí estaba nuestra casa, rodeada de policías y prensa, los paramédicos salían con un cuerpo tras otro… y se mostraban nuestras fotografías como principales sospechosos.

La teoría encajaba muy bien, madre e hijo enloquecen después de que el hombre de la casa se marcha con una nueva familia, y en venganza asesinan dentro de su casa, hombres con las mismas características de aquel que los abandonó. Nadie podría creer que el culpable fue… “un monito”… en lugar de nosotros, asi que desde entonces huimos, todo causado por el poseedor de aquella macabra risa… --jijijijiji,jijijijiji-….-jijijijiji,jijijijiji-…. Aun la escucho…

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